Los pájaros se res guardaban con la cabeza entre las plumas, escondidos de las grandes lágrimas de las hojas.
Pero yo, ese día me encontraba saliendo del portal con el chubasquero puesto y mojándome los mocasines nuevos. Mi paraguas negro era como una hormiga solitaria que se pasea a la vista de todo el mundo pero nadie la molesta.
Al pisar la calle metí el pie en un charco y el paquete de tabaco francés que llevaba en la mano se hecho a perder.
Por supuesto había una razón para que tal día como hoy, alguien como yo este en mitad de un lluvia que me cala hasta los huesos.
Esa razón son los canguros del zoo. Hoy pese al mal tiempo las puertas del zoo se encuentran abiertas. El vigilante cobijado en su pequeño cuartito me lanza una mirada desconcertada.
-Porque quieres entrar hoy al zoo. Llueve a cantaros y los animales están escondidos.
- He venido a ver a los canguros.
Me sentí un loco observado por un psiquiatra. Pero me abrió la puerta y me camufle en el zoo.
Todas las jaulas por las que pasaba estaban practicamente vacías. Incluso la de la jirafa que el día anterior había dado a luz a un nuevo inquilino.
La jaula de los canguros no estaba demasiado lejos asi que no me entretuve mucho.
Al acercarme pude ver a los canguros refugiados debajo de un gran árbol. Ellos estaban a salvo y lo sabían, allí no ivan a dejar que se mojaran. Una cría saco la cabeza de la bolsa de su madre, me miro y aunque sea inexplicable vi como me sonreía.
Os preguntareis como es la sonrisa de un canguro. Y yo que todos los jueves de la segunda semana de cada mes voy a ver a los canguros a su jaula del zoo os digo que es mágica.
Puede que por eso sea adicto a su sonrisa y me vea a mi mismo de pie frente a la jaula de los canguros un jueves lluvioso de mayo mirando la sonrisa del pequeño canguro.
EVOLET
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