27 de febrero de 2011

Tumbada, en la bañera, acariciando el agua con los dedos. Notando la espuma rebosante, apunto de salirse fuera. Y ese olor a limón y canela, de las sales de baño. Comiendo una manzana mientras lees poesías a la luz de las velas, con Mozart de fondo. Viendo un cuadro de la tranquilidad de las islas griegas frente a mi. Con ese patito de goma amarillo a mi lado.

Si me quitas cualquiera de esas cosas, mi paz se perturbaría, quitaría el tapón de la bañera, me pondría depie y no me molestaría en coger una toalla. Iría desnuda por la casa, dejando la marca de los pies mojados por todo el suelo. Mojaría la alfombra de mi cuarto, y me tumbaría en la cama mojandola también. Me echaría a dormir, como muestra de rebeldía por la perturbación de mi calma.
Así que no me quites el patito de goma.

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