Hace tiempo oí una de esas historias de marineros. Esas historias que saben a ron, huelen a sal y suenan a gritos.
Hace tiempo que no recuerdo esa historia pero hoy el mar me ha hecho recordarla.
Una historia de aventuras, donde un joven, por obligación, en un pequeño barco navega día y noche.
Pero sus ansias de libertad se verán calmadas pronto, cuando el mar suene por última vez y aparezca el ser deseado.
Y el día llegó, el mar sonó y el maravilloso ser emergió del mar.
El joven, sentado en la popa de un pequeño barco noto como se mareaba, no eran las olas, no era el ron, era el aroma del ser. Un ser bello con todos sus rasgos perfectos, sus movimientos perfectos y su aureola rebosante de genialidad.
Y el joven se enamoró de aquel ser, que unos juran que era sirena, otros juran que era espíritu y otros juran que fue la amargura de la soledad lo que llevó al joven a su locura.
6 comentarios:
Pero que hermosa entrada, me ha encantado.
Un beso grande.
yeeeeeeeeeah
Solo él sabrá de quien se enamoro verdaderamente :)
una entrada tan genial como a las que nos tienes acostumbradas!!
ooooye, este blog es genial:D
te sigo:)
Hace mil que no me pasaba por aquí, he estado leyendo tus entradas y sigues siendo sorprendente ;)
un beso
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