Ella tenía el pelo rojo pasión y sus
labios color amapola brillaban a la luz del sol como nunca otros lo
habían hecho.
Él se dio cuenta aquella tarde de junio, cuando la
vio junto a un almendro dejando su sonrisa al alcance de cualquiera.
Sintió celos del mundo entero, de todas y cada una de las personas
que se encontraban a menos de quince metros de ella.
La mirada de ella pasó fugazmente por
su pelo almendrado pero sin prestarle atención. Tenía cosas más
importantes en las que pensar, los hombres ya no eran un problema
para ella desde que su última
ilusión se había perdido entre narcóticos y celos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario