14 de octubre de 2010

El hombre de hielo.

Yo, me enamoré del hombre de hielo. Estaba en aquella estación de esquí un día algo soleado. Cuando mi prima y yo nos cansamos de esquiar entramos al salón de estar. Nos sentamos en uno de los sillones color canela que había cerca de la chimenea.
Sentí como mi prima me daba un codazo en el antebrazo.
-Mira, ¿ves a aquel chico de allí?-dijo sin que apenas se le ollera.
-¿El que está sentado al lado de la puerta?
-Sí, ese. Es un hombre de hielo, es la primera vez en mi vida que veo uno.
-¿Un hombre de hielo? 
-Sí, está hecho de hielo, todo él. En su interior solo hay hielo...

Pero yo, ese día cuando mi prima se fue a esquiar me acerqué al hombre de hielo. Le miré y tímidamente me senté a su lado. Me miró y sonrió.
Estuve toda la tarde hablando con él. Me preguntaba sobre mi vida, pero no hablaba sobre la suya.
Y ese día me enamoré del hombre de hielo. Me enamoré perdidamente de él y de su gelidez.
Cuando le dije  mi familia que mi novio era un hombre de hielo y que estaba enamorada de él, se echaban las manos  a la cabeza. "¿Cómo te has podido enamorar de un hombre de hielo? no tiene sentimientos". Pero yo sabía que él me quería. Y mi familia fue alejándose poco a poco de mí. Yo era "la chica" del hombre de hielo. Y al poco tiempo me convertí en la esposa del hombre de hielo. Había algo en el que me embrujaba, que me hacía no poder separarme de él. Notaba tanto su amor a mi alrededor que era inevitable amarle.

Pero con el paso del tiempo el hombre de hielo encontró un trabajo al que dedicaba todo su tiempo. Era un trabajador magnifico  tenia una fuerza y un aspecto físico indescriptible. Él era feliz en su trabajo pero yo, sin familia y sin amigos me sentía muy sola.

Y se lo conté. Y me dio una solución. Pediría vacaciones y nos iríamos de viaje, los dos solos.
Me pregunto dónde quería ir. Pero yo solo quería ir donde él quisiera. Ojeando un folleto de destinos turísticos vi como sus gélidos ojos brillaban ante un paraje invernal cerca del polo sur. Una remota aldea deshabitada.
-Iremos aquí- dije señalando la blanca foto.
Su cara fue literalmente un poema. Pero sus ojos seguían brillando y eso me encantó.
A los dos meses estábamos allí. Yo iba empaquetada en un traje polar para no morir congelada. El iba tan feliz y fresco.
Y pasamos una semana en aquel paisaje desierto. El hombre de hielo consiguió medio aprender la lengua que aquellos aldeanos hablaban. Yo volvía a estar sola. Si, el hombre de hielo no se separaba de mí pero en aquel lugar sentía que no era feliz. Y pasaron los meses y los años. Las vacaciones las alargó montones de veces. Acabaron despidiéndolo pero él era feliz en aquel lugar. Estaba como en casa, ese era su lugar.

Una tarde, mirando a la nada sentada en el borde de una tabla miré al horizonte. Hielo solo hielo. A mi lado, el hombre de hielo me cogió de la mano. En ese mismo instante supe que jamás saldría de aquel lugar. Porque me había enamorado completamente del hombre de hielo.

5 comentarios:

Erea Salander Wu dijo...

Ves, si al final hay que vivir en el polo Sur.

Frases celebres dijo...

La verdad me has conmovido con el hombre de hielo. Creía que lo dejarías, pero el amor es más fuerte. Ahora mientras leía, me preguntaba la cantidad de hombres y mujerres de hielo existe? esos que por el trabajo descuidan sus parejas, hijo, etc. Muy buen relato la verdad he estado atrapado hasta el final. Besos

http://el-ser-bohemio.blogspot.com

Iván dijo...

Un texto muy bueno y.. ¡que viva el hombre de hielo!

Un besito. :D

Tara Van Calster dijo...

el texto es buenisimo!!
por cierto, te sigo y si quieres pasate por mi blog que aun soy nueva jajaja
unbeso

http://taravanc.blogspot.com/

Unknown dijo...

"Los beatles son mas famosos que Jesucristo".. muy buena!
Unbeso!

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